© Vyacheslav Argenberg , http://www.vascoplanet.com/
Dormir menos de lo necesario o despertarse muchas veces por la noche no solo deja cansancio al día siguiente. En los adolescentes, puede aumentar el riesgo de sufrir problemas emocionales e incluso de intentar suicidarse, según un nuevo estudio realizado en el Reino Unido.
La investigación, publicada en la revista Sleep Advances por científicos de las universidades de Warwick y Birmingham, analizó los hábitos de sueño de más de 8.000 jóvenes británicos. A los 14 años se registraron sus patrones de sueño y, tres años más tarde, se les preguntó si habían intentado suicidarse. Los resultados fueron claros: los adolescentes que dormían menos tiempo durante los días de colegio o que se despertaban varias veces por la noche mostraron un riesgo significativamente mayor de haber intentado suicidarse a los 17 años.
El sueño, un factor clave en la salud mental
Durante la adolescencia, dormir bien se vuelve más difícil por múltiples razones: el uso de pantallas hasta tarde, el estrés escolar, los horarios tempranos y los cambios hormonales propios de la edad. Todo esto contribuye a que muchos jóvenes duerman menos de las ocho o nueve horas recomendadas.
El estudio encontró que quienes pasaban menos tiempo en la cama durante las noches de colegio tenían un 12% más de riesgo de intentar suicidarse, incluso después de ajustar por otros factores como depresión, autoestima o nivel socioeconómico. Además, los despertares nocturnos frecuentes aumentaban ese riesgo en un 15%, lo que sugiere que no solo importa cuánto se duerme, sino también cómo se duerme.
Las decisiones impulsivas también influyen
Los investigadores quisieron entender si la forma en que los adolescentes toman decisiones podía modificar el impacto del mal sueño. Para eso, evaluaron la capacidad de cada joven para tomar decisiones racionales y medir riesgos mediante una prueba cognitiva conocida como “Cambridge Gambling Task”.
El hallazgo fue interesante: los adolescentes con buena capacidad para tomar decisiones racionales parecían estar algo más protegidos, pero solo si dormían razonablemente bien. Cuando las interrupciones del sueño eran frecuentes, esa ventaja desaparecía. Es decir, dormir mal podría incluso anular la capacidad de pensar con claridad y protegerse de conductas dañinas.
Dormir mal no es un simple “mal hábito”
Muchas veces se subestima el impacto del sueño en la salud mental. Pero este estudio —uno de los más amplios y de largo seguimiento en su tipo— muestra que el sueño no es solo descanso, sino también un pilar emocional. Los investigadores sugieren que mejorar la calidad del sueño podría convertirse en una estrategia de prevención del suicidio entre los jóvenes.
Entre las posibles medidas, destacan:
- Fomentar horarios regulares para acostarse y levantarse.
- Limitar el uso de pantallas antes de dormir.
- Evitar el exceso de cafeína o estimulantes.
- Crear ambientes tranquilos y oscuros para el descanso.
Lo que los padres y educadores pueden hacer
Detectar signos de mal descanso o agotamiento puede ser tan importante como identificar cambios en el estado de ánimo. Los padres pueden observar si sus hijos tienen ojeras frecuentes, dificultades para concentrarse o cambios de humor sin motivo claro. Las escuelas, por su parte, podrían considerar horarios más flexibles o campañas educativas sobre la importancia del sueño.
En resumen
Dormir bien no solo ayuda a rendir en clases o tener energía. Este nuevo estudio sugiere que también protege la mente de pensamientos y conductas de riesgo. Los adolescentes necesitan tiempo, espacio y apoyo para descansar de verdad. En muchos casos, mejorar el sueño podría ser una de las formas más simples y efectivas de cuidar la salud mental juvenil.
Puedes revisar el estudio en Sleep Advances



