"An old Couple outside their Home". Sven Jørgensen, 1892.
¿Alguna vez has notado que algunas parejas parecen compartir no solo gustos o hábitos, sino también sus problemas emocionales o mentales?
Un estudio publicado en Nature Human Behaviour reveló algo sorprendente: los esposos y esposas tienden a compartir con frecuencia los mismos trastornos psiquiátricos, y esta tendencia se repite en distintas culturas y generaciones.
Un hallazgo global: la correlación entre parejas y trastornos mentales
El estudio analizó millones de registros médicos de parejas en Taiwán, Dinamarca y Suecia. Se centró en nueve trastornos psiquiátricos:
- Depresión
- Ansiedad
- Trastorno bipolar
- Esquizofrenia
- TDAH (déficit atencional con hiperactividad)
- Autismo
- Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)
- Abuso de sustancias
- Anorexia nerviosa.
Los resultados fueron claros: las personas con un trastorno mental tienen más probabilidades de casarse con alguien que también lo tenga.
Esto no ocurre solo por casualidad ni en una región específica del mundo. La correlación se mantuvo estable durante más de 90 años y en contextos culturales muy distintos.
¿Por qué sucede esto? Tres posibles razones
Los investigadores mencionan tres mecanismos que podrían explicar esta conexión:
- Apareamiento selectivo: las personas tienden a elegir parejas con rasgos o experiencias similares, incluyendo problemas de salud mental.
- Convergencia: convivir durante años puede hacer que las parejas adopten comportamientos o reacciones emocionales parecidas.
- Homogamia social: factores como el nivel educativo, el entorno o la situación económica influyen en con quién nos emparejamos.
Aunque cada uno de estos factores puede actuar de forma diferente según la cultura o la época, en conjunto producen un efecto persistente: las parejas terminan pareciéndose también en su salud mental.
Trastornos con mayor coincidencia entre parejas
Entre los casos analizados, los investigadores observaron una fuerte correlación en depresión, ansiedad, abuso de sustancias y trastorno bipolar.
Esto sugiere que ciertos estados emocionales o estilos de vida pueden facilitar el encuentro entre personas con vulnerabilidades parecidas.
Por ejemplo, los trastornos relacionados con el consumo de alcohol o drogas aumentaron su coincidencia generacionalmente, algo que podría reflejar cambios sociales en torno a la percepción y la aceptación del consumo.
En contraste, el TOC (trastorno obsesivo-compulsivo) mostró una tendencia opuesta: la coincidencia entre parejas ha ido disminuyendo con el tiempo, quizás porque los avances en salud mental y menor estigmatización han ampliado las opciones de pareja.
El impacto en los hijos
Uno de los hallazgos más relevantes fue que los hijos de padres que comparten un mismo trastorno tienen el doble de riesgo de desarrollarlo.
Por ejemplo, en familias donde ambos padres sufrían depresión, el riesgo de que sus hijos también la padecieran era más del doble que en aquellas con un solo progenitor afectado.
Esto muestra cómo la correlación entre parejas y trastornos mentales no solo afecta a las cónyuges, sino también al futuro de las generaciones.
La combinación de factores genéticos y ambientales dentro del hogar puede reforzar la aparición de estos trastornos en los descendientes.
Un patrón que trasciende culturas y décadas
A pesar de las enormes diferencias entre Asia y Europa, las cifras fueron muy parecidas.
Ni los cambios políticos, ni las mejoras en salud mental, ni los nuevos modelos de familia lograron romper del todo esta tendencia.
Eso sugiere que buscar similitudes emocionales o mentales en una pareja podría ser parte de la naturaleza humana, más que un simple reflejo cultural.
Otra arista en las relaciones humanas
Lejos de ser un motivo de alarma, este hallazgo invita a reconocer cómo las relaciones humanas influyen en la salud mental colectiva.
Comprender estos patrones puede ayudar a diseñar estrategias preventivas más efectivas y a promover el acceso a la atención psicológica para parejas y familias.
La próxima vez que veas que dos personas “se entienden demasiado bien”, tal vez haya más que empatía detrás: puede que compartan una forma parecida de procesar el mundo interior.
Puedes leer el articulo en Nature Human Behaviour



